Newsletter Mayo 2026


MALI

Por Forasteras

A veces creemos que para vivir una aventura hay que cruzar fronteras, tomar varios vuelos o desaparecer durante semanas. Pero, se puede empezar un viaje mucho más cerca. A pocas horas de Santiago, existe una ruta capaz de condensar algunos de los paisajes más diversos de Chile, montañas, bosques, ríos, dunas y océano. Una travesía que une la cordillera con el mar y que nos recordó por qué el viaje no necesariamente son los kilómetros recorridos, sino la capacidad de mirar un territorio con otros ojos.

La idea nació con una pregunta ¿qué tan lejos podemos llegar sin alejarnos demasiado?

Subimos a la camper y apuntamos hacia el este. Atrás quedaron los semáforos, los tacos y la rutina. Frente a nosotras aparecieron las primeras montañas de la cordillera central, empezando a marcarse por las nevadas del invierno. Los edificios dieron paso a quebradas, los caminos se hicieron más estrechos y el aire más frío.

Hay algo especial en dormir en la montaña.. Las horas se miden por la luz que cambia sobre las cumbres y no por las notificaciones del teléfono. Desde la puerta de la camper observamos cómo el sol teñía de naranja las laderas mientras el día terminaba lentamente.

Pero este viaje no se trataba de quedarnos en un solo lugar, la propuesta era seguir avanzando, acompañando el curso natural del territorio. Descender desde la cordillera hacia los valles interiores, atravesar pueblos y continuar hasta llegar al Pacífico.

En el camino descubrimos algo que suele pasar desapercibido cuando recorremos Chile a toda velocidad, y fue la enorme diversidad que existe en distancias sorprendentemente cortas.

En pocas horas pasamos de paisajes dominados por roca y nieve a bosques esclerófilos donde peumos, quillayes y litres sobreviven a las condiciones cada vez más secas de la zona central. Más adelante aparecieron campos agrícolas, pequeñas localidades y caminos secundarios que invitan a desviarse.

La camper nos permitió precisamente eso, movernos sin apuro y con mucha libertad.

Detenernos donde el paisaje lo merecía. Preparar un café frente a un río. Almorzar debajo la sombra de un bosque. Cambiar los planes sobre la marcha.

Es una forma de viajar que nos devolvió la flexibilidad..

A medida que nos acercábamos a la costa, la temperatura bajó y apareció esa humedad característica del Pacífico. Es un fenómeno tan habitual para quienes vivimos en Chile que rara vez nos detenemos a pensar en él. Sin embargo, gran parte de la identidad de este territorio está determinada precisamente por esa interacción entre la cordillera y el océano.

La montaña captura nieve y agua. Los ríos descienden hacia el mar. La corriente de Humboldt enfría las costas y moldea los ecosistemas de la zona central. Todo está conectado.

Llegar al océano después de haber partido desde la cordillera permite entender esa relación de manera mucho más tangible.

La llegada al mar tuvo además un ingrediente inesperado. En la costa nos juntamos con el equipo de Entramar, una iniciativa que busca acercar a las personas al océano desde una experiencia más consciente y profunda que simplemente observarlo desde la orilla.

Equipadas con trajes de agua y guiadas por estas mujeres que conocen estas costas como la palma de su mano, nos internamos en el Pacífico. El primer contacto siempre es un golpe de realidad. El agua fría obliga a respirar distinto, a bajar las revoluciones y a estar completamente presente.

Una vez superado ese primer impacto, ocurre algo curioso. El mar deja de sentirse hostil y comienza a revelar otra dimensión. Flotando entre las olas, observando la costa desde el agua y sintiendo la fuerza constante del océano, entendimos que gran parte de nuestra relación con el mar suele ser superficial. Lo miramos, lo fotografiamos, caminamos junto a él, pero pocas veces nos detenemos a experimentarlo desde dentro.

Para nosotras, que veníamos siguiendo esta ruta desde la cordillera, la experiencia tuvo un significado especial. Después de acompañar el recorrido del agua a través de montañas, valles y ríos, terminar inmersos en el océano fue una forma tangible de comprender que todo forma parte del mismo sistema.

Fue también uno de esos momentos que resumen el espíritu de viajar en camper, permitir que el camino te lleve a experiencias que no estaban necesariamente en el plan inicial, pero que terminan convirtiéndose en los recuerdos más potentes del viaje.

Durante toda la ruta viajamos en una de las campers de CamperWorld, un formato que ha ido ganando cada vez más adeptos entre quienes buscan recorrer Chile de una manera distinta. La camper es una base móvil que permite adaptarse al ritmo del territorio. Dormir frente a la montaña una noche y despertar junto al océano al día siguiente deja de ser una complicación logística para convertirse en parte natural del viaje. En un país tan diverso y extenso como Chile, donde muchas de las mejores experiencias ocurren lejos de las ciudades, contar con la libertad de llevar la casa a cuestas cambia completamente la forma de explorar.

 

De cordillera a mar fue recordar que el viaje empieza cuando dejamos de pensar en la distancia y comenzamos a prestar atención a lo que tenemos delante.

Porque a veces la mejor forma de conocer un país no es recorrerlo más lejos.

Es recorrerlo mejor.

 


Por Camila Letelier


A mis 29 años decidí seguir mi intuición. Esa vocecita interna que por mucho tiempo me dijo que podía lograr cosas grandes. Esta vez, decidí creerle.

Hace 8 meses tomé la decisión de volver al atletismo después de 2 años sin tocar una pista, con un objetivo claro: representar a Chile en los 400 metros planos.

El camino no ha sido fácil. En estos meses he tenido que adaptarme a muchas cosas:

•⁠  ⁠Vivo en Australia y mi nuevo entrenador está en Chile, por lo que todos nuestros entrenamientos han sido 100% online.
•⁠  ⁠Entreno la mayor parte del tiempo sola, sin un grupo de entrenamiento.
•⁠  ⁠En Australia hay muy pocas pistas sintéticas, así que muchos de mis entrenamientos son en pasto o calle, algo poco común para un atleta.
•⁠  ⁠La pista sintética más cercana queda a 1,5hrs y sólo abre 2 veces por semana en horario PM.

Y aunque muchas veces me he preguntado si realmente lo voy a lograr, o si estoy haciendo esto demasiado tarde, también he aprendido algo muy importante: somos capaces de lograr mucho más de lo que creemos.

En estos meses he aprendido que la mente tiene un poder enorme. Que antes de lograr algo, primero hay que atreverse a imaginarlo. Y que muchas veces lo que realmente nos diferencia no es el talento ni las condiciones perfectas, sino la decisión de salir de la zona de confort e intentarlo incluso cuando no tenemos la certeza.

Porque a veces moverse no significa avanzar rápido. A veces, simplemente significa dar el primer paso.

No sé si voy a lograr mi objetivo en el atletismo. Todavía me queda camino por recorrer y hay muchas cosas que no puedo controlar. Pero sí sé que elegí intentarlo.

Y para mí, movimiento también significa eso: no quedarse con el “¿qué hubiese pasado si…?”.

Este invierno, nutre tu cuerpo y fortalece tus raíces

Por Carla Ciorba Veloso (@floraveda.cl)

Este domingo comienza el invierno. Y quizás ya lo sientes porque tienes más ganas de abrigarte, de comer algo calentito, de bajar el ritmo y quedarte más en casa, bajo las frazadas o en tu cama.

No se trata de detenernos por completo, sino de aprender a acompañar la energía de esta estación: hacer menos desde la exigencia y más desde el cuidado.

No es casualidad. Para Ayurveda, cada estación trae una energía diferente, y como somos parte de la naturaleza, esos cambios también se sienten en nosotras, lo puedes observar en la digestión, el ánimo, el sueño y la energía.

El invierno es frío, húmedo, pesado, lento. Por eso muchas sentimos más cansancio, más ganas de dormir, de estar en espacios seguros y calentitos.

Pero el invierno no viene a apagarnos. Viene a recordarnos que también necesitamos pausa, nutrición y raíz.

Mira la naturaleza y observa cómo los árboles soltaron sus hojas. Lo que cayó en este otoño hoy vuelve a la tierra y se transforma en abono para lo que florecerá en primavera. Todo parece quieto, pero bajo la superficie la vida sigue trabajando en silencio, preparándose para renacer y florecer con fuerza.

Este domingo es el solsticio de invierno, ese portal donde la noche alcanza su punto más largo. En la cosmovisión mapuche, es el We Tripantu, el renacer del sol. Un momento sagrado para cerrar ciclos y prepararnos para una nueva vuelta de la tierra.

Desde la tradición védica, este tiempo marca el inicio de "Dakṣiṇāyana", el camino del Sol hacia el sur, el cual es una etapa de introspección, recogimiento y regreso al propio centro.

Esta época es ideal para nutrir el cuerpo y fortalecer la energía vital, que en ayurveda la llamamos “Ojas”, nuestra energía vital asociada a la inmunidad, la fortaleza y la estabilidad interna. Aunque afuera haga frío, nuestro fuego digestivo (Agni) está más fuerte. Por eso sentimos más hambre y buscamos comidas contundentes, calentitas y reconfortantes.


5 estrategias simples para considerar en este invierno:

1) Comidas tibias y nutritivas: Sopas, cremas, guisos, verduras al horno, comidas calentitas como también especias que calienten como: jengibre, canela, pimienta, clavo de olor( Tu cuerpo necesita calor desde adentro).

2)  Abrígate con intención: Cuello, pecho, oídos, pies, cabeza. Protegernos del frío ayuda a cuidar nuestra energía.

3)   Muévete, aunque sea suave: Camina, haz yoga, estira o mueve tus articulaciones. En invierno no necesitamos exigirle más al cuerpo, pero sí ayudar a que la energía circule. El movimiento suave evita la pesadez, activa la digestión y nos ayuda a sentirnos más livianas.

4)  Automasaje con aceite tibio: Entibia un poco de aceite de sésamo o almendra. Masajea tu cuerpo antes de la ducha, o tus pies antes de dormir y será medicina para tu vida.

5)   Horarios regulares: Come, duerme y despierta en horarios similares. El cuerpo ama los ritmos simples.

Un pequeño ritual para esta noche:

Cuando llegue el atardecer, enciende una vela. Prepárate una Golden milk o una infusión de melisa, masajea tus pies. Y pregúntate: ¿Qué necesito nutrir en mi interior en este invierno?

Porque el invierno no es una temporada para exigirte más, sino para escucharte mejor.

Que puedas abrigarte, nutrirte, descansar, moverte con amor y recordar que incluso cuando todo parece quieto, algo dentro de ti se está preparando para florecer.

El sol comienza lentamente a volver. Aunque no lo parezca porque los días siguen fríos, la luz empieza a expandirse, y con ella también nuestra capacidad de observar todo desde un nuevo prisma.

Que este nuevo ciclo nos encuentre más presentes, más honestas con nuestros tiempos y más dispuestas a vivir el invierno como medicina.

Con cariño,

"Yoga is the journey of the self, through the self, to the self."
— Bhagavad Gita
De hecho, muchas veces ocurre exactamente lo contrario.
Cuando practicas con verdadera presencia, empiezas a notar cosas que antes pasaban desapercibidas:

La incomodidad en tu cuerpo.
La resistencia de tu mente.
La impaciencia.
La autoexigencia.
El miedo.
La frustración.

Y aquí aparece uno de los regalos más profundos del yoga.
La práctica te enseña a permanecer. A quedarte dentro de tu experiencia humana sin escapar inmediatamente de ella. Aprendes a respirar cuando algo es desafiante.
Aprendes a sostener sensaciones intensas sin rechazarlas.
Aprendes a observar tus pensamientos sin creer que todos son verdad.

haz click en este enlace para disfrutar de una clase de Vinyasa de 20 minutos

Practica de Yoga (https://youtu.be/_jDtCQXhWME)
Moviliza tu energía, calma el ruido mental y regálate un momento de presencia y claridad.
Ver (https://youtu.be/Uu0Z9mPalYk)

Es una disciplina mental extremadamente poderosa.

Porque con el tiempo empiezas a desarrollar algo que transforma completamente tu forma de vivir:

Discernimiento.

Empiezas a notar cuándo estás reaccionando desde un impulso automático…
y cuándo estás respondiendo desde un lugar más consciente.

Empiezas a reconocer patrones.

Patrones de movimiento.
Patrones de pensamiento.
Patrones emocionales.

Y poco a poco se abre un espacio nuevo dentro de ti.
Un pequeño pero poderoso espacio entre lo que ocurre y cómo decides responder.
Ahí vive la libertad.
Por eso el yoga no es simplemente una práctica física.
Es un laboratorio de atención.
Un espacio donde recalibramos constantemente hacia dónde va nuestra mente.
Porque la verdad es simple, pero profunda:
Donde pones tu atención… dirige tu experiencia de vida.

Si tu mente vive atrapada en la autocrítica, el miedo o la comparación, tu mundo interno se contrae.
Pero cuando aprendes a observar, a tomar distancia y a elegir con más claridad… algo cambia. Empiezas a darte cuenta de que no todo lo que aparece en tu mente te pertenece.Y no todo merece tu energía. El yoga te entrena para reconocer aquello que sí te expande y aquello que simplemente es ruido.
Por eso, aunque muchas veces entramos al mat buscando profundizar en una postura, ganar fuerza o flexibilidad…

Lo que realmente estamos entrenando es algo mucho más profundo:

la capacidad de estar presentes dentro de nuestra propia vida.

Respiración tras respiración.
Movimiento tras movimiento.
Decisión tras decisión.

Y cuando esa presencia se vuelve parte de ti, la práctica deja de quedarse en el mat.

Empieza a acompañarte en conversaciones difíciles.
En decisiones importantes.
En momentos incómodos.
En días donde tu mente quiere escapar.

Porque entonces recuerdas algo fundamental:

No necesitas controlar todo lo que ocurre.
Pero sí puedes elegir cómo habitas tu experiencia.
Y ese, quizás, es uno de los verdaderos poderes del yoga.

Un espacio para conocerte.
Un espacio para fortalecer tu mente.
Un espacio para volver, una y otra vez, a lo esencial.

Presencia.

Gracias por leer

☽Volver a tu mat, es volver a tu cuerpo, es volver a ti ☾